Visit the Museum

Exhibitions

Learn

Teach

Collections

Academic Research

Remember Survivors and Victims

Genocide Prevention

Antisemitism and Holocaust Denial

Outreach Programs

Other Museum Websites

< Primera Persona

Nesse Godin: un día en el ghetto de Siauliai

First Person Podcast Series

Share

12 de mayo de 2009

Nesse Godin relata un día en el ghetto de Siauliai, en Lituania. El 5 de noviembre de 1943, el padre de Nesse, junto con otras personas, fue detenido y deportado del ghetto. Nesse nunca volvió a ver a su padre.

LA TRANSCRIPCIÓN COMPLETA

NESSE GODIN:
“Nunca olvidaré sus palabras. Mamá dijo: ‘Hija mía, llegaron los camiones’. Los camiones significan deportación. La deportación significa la separación de las familias”.

NARRADOR:
Más de sesenta años después del Holocausto, el odio, el antisemitismo y el genocidio todavía amenazan a nuestro mundo. Las historias de vida de los sobrevivientes del Holocausto trascienden las décadas, y nos recuerdan que permanentemente es necesario ser ciudadanos alertas y poner freno a la injusticia, al prejuicio y al odio, en todo momento y en todo lugar.

Esta serie de podcasts presenta fragmentos de entrevistas a sobrevivientes del Holocausto realizadas en el programa público del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos llamado En primera persona: conversaciones con sobrevivientes del Holocausto.

En el episodio de hoy, Nesse Godin relata cómo era la vida en el ghetto de Siauliai, en Lituania. Narra lo que sucedió el día 5 de noviembre de 1943, cuando su padre, junto con otras personas, fue detenido y deportado del ghetto.

NESSE GODIN:
Podría pararme aquí y hablar durante horas y horas, pero prefiero hablarles de un día en particular en el ghetto de Siauliai, en Lituania. El 5 de noviembre de 1943, tenía 15 años y medio. Ya tenía trabajo fuera del ghetto. Todas las mañanas, hacía fila y me iba a trabajar. ¿Por qué era tan bueno trabajar afuera? Bueno, uno no estaba adentro cuando detenían personas para asesinarlas. Además, cuando se trabajaba afuera, se trabajaba con muchos cristianos, lituanos, que nos traían algo para comer: una manzana, la mitad de un sándwich. Quizás eso me salvó la vida.

Ese día en particular, el 5 de noviembre de 1943, cuando llegué a la puerta para ir a trabajar, vi que había camiones fuera del ghetto. Nos dijeron que ese día no se nos permitía ir a trabajar. Recuerdo que volví corriendo a la pequeña habitación que compartía con 9 personas: dos tíos, dos tías, mis padres, mis hermanos y yo… Recuerdo que mamá me puso capas de ropa y pan en el bolsillo. Nunca olvidaré sus palabras. Mamá dijo: “Hija mía, llegaron los camiones”. Los camiones significan deportación. La deportación significa la separación de las familias. El ghetto era un gran caos.

Algunas personas decían que debíamos ocultarnos en los escondites. Todos tenían un escondite: debajo de la cama, una pared doble, en el ático. Otros decían que quedarnos en los escondites era inútil; los nazis dinamitarían la zona después de sacar a la gente. Pero poco después, cambiaron las órdenes. Nos dijeron que se había cometido un error. Debíamos volver al trabajo. Me fui del ghetto esa mañana. Durante todo el día nos preguntábamos qué hacían esos camiones allí. ¿Venían a traer comida o venían a llevarse a alguien? Esa noche, cuando regresábamos del trabajo y nos acercábamos al ghetto, escuchamos gritos. Unos gritos que ojalá ningún ser humano tenga que escuchar. Ese día, el 5 de noviembre de 1943, en el ghetto de Siauliai, en Lituania, las SS, la Gestapo y los ucranianos se unieron a una causa maléfica. Ahora, los veo en History Channel. Veo ancianos que dicen: “Todo el mundo lo hacía. Por eso lo hicimos. Debíamos obedecer órdenes. Debíamos hacer esto y aquello…”.

Les digo a toda esta gente querida y maravillosa, especialmente a los jóvenes: no hagan lo que todo el mundo hace. Averigüen antes. Asegúrense de no meterse en problemas, de no unirse a una organización que sea perversa, que cometa asesinatos o abusos. Sí, ahora piden disculpas. De hecho, hoy escuché en el informativo que Demjanjuk fue extraditado a Alemania. Su excusa era que tenía 89 años. Mi padre no vivió hasta los 89 años. Tenía 47 años cuando se lo llevaron aquel día del ghetto de Siauliai, en Lituania.

No hice una pregunta sobre miles de personas o millones de personas. Hice una pregunta sobre un solo ser humano: mi padre. Era un hombre amable, era un buen hombre. ¿Por qué lo asesinaron?