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Gideon Frieder: refugio en una familia eslovaca

First Person Podcast Series

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13 de mayo de 2009

Gideon habla de la época que pasó escondido con una familia católica eslovaca. Después de que su madre y su hermana murieran en un ataque alemán en Banska Bystrica, Gideon fue rescatado por miembros de la resistencia eslovaca y encomendado a la familia Strycharszyk, que hizo todo lo posible por esconder y proteger a Gideon.

LA TRANSCRIPCIÓN COMPLETA

GIDEON FRIEDER:
“Piense en la inteligencia de estas personas. Quizás era el primer judío que veían en su vida, pero comprendieron qué era importante para sobrevivir, cómo sobreviven los niños”.

NARRADOR
Más de sesenta años después del Holocausto, el odio, el antisemitismo y el genocidio todavía amenazan a nuestro mundo. Las historias de vida de los sobrevivientes del Holocausto trascienden las décadas, y nos recuerdan que permanentemente es necesario ser ciudadanos alertas y poner freno a la injusticia, al prejuicio y al odio, en todo momento y en todo lugar.

Esta serie de podcasts presenta fragmentos de entrevistas a sobrevivientes del Holocausto realizadas en el programa público del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos llamado En primera persona: conversaciones con sobrevivientes del Holocausto.

En el episodio de hoy, Gideon Frieder le cuenta al presentador, Bill Benson, cómo era vivir escondido por una familia católica eslovaca después de que su madre y su hermana murieran en un ataque alemán en Banska Bystrica.

GIDEON FRIEDER:
Los miembros de la resistencia y Henry nunca se dieron cuenta de que yo estaba herido. Sin embargo, él sí se dio cuenta de que un niño no podía sobrevivir en las montañas. Los miembros de la resistencia se trasladaban todo el tiempo; eran una unidad de lucha. Tener la carga de un niño de siete años no está en los planes de una unidad de lucha; entonces me llevaron a un pueblo. De noche.

Y eligieron la primera casa. No se atrevieron a entrar al pueblo. Habían inspeccionado el pueblo durante un largo tiempo, y no había movimiento. El pueblo era tan pequeño que allí no había guarnición alemana. Consistía en un camino de tierra con algunas casas a los costados. La palabra “pueblo” es demasiado; era una pequeña aldea más que un pueblo. Allí no había alemanes. Llamaron a la puerta de la primera casa que encontraron, la de Pauline y Jozef Strycharszyk. Y allí me dejaron.

BILL BENSON:
Entonces, ¿no era una casa segura que conocieran? Solo era la primera casa que vieron y dijeron: “Tome a este niño”.

GIDEON FRIEDER:
Sí. En cierto sentido, sí. Hay dos versiones. Henry, en sus memorias (que utilicé y en cuya publicación tuve un papel decisivo, ya que me encargué de todo el trabajo de computadora y la preparación para publicarlas, etc.), cuenta que él fue allí, y que estos miembros de la resistencia lógicamente tenían un aspecto intimidante. De hecho, no se afeitaban. Llevaban colgadas muchas granadas. Tenían ametralladoras que les habían sacado a los alemanes. Y les dijeron que cuidaran a este niño y que, de lo contrario, vendrían a la noche siguiente y los matarían a todos. Un argumento bastante persuasivo, diría yo. Esa es su versión.

Según la versión de mi padre, les habían prometido una buena recompensa. Todo el mundo sabía que la guerra terminaría y que era solo una cuestión de tiempo. Además, les dijeron que era el hijo de un hombre muy importante y que, si sobrevivía, les darían una recompensa. No sé. Supongo que ambas versiones son correctas. Los miembros de la resistencia tenían un enfoque basado en las recompensas.

Debo decir que mientras estuve allí, todo lo que estas personas hicieron no fue por miedo. Me sentí querido. Dentro de ciertos límites, me sentía seguro mientras estaba dentro de la casa. Nunca me alejé más de cincuenta metros de la casa. Es decir, en todo el tiempo que estuve allí, nunca dejé los alrededores de la casa. No diría que tenía la seguridad garantizada. Pero…

BILL BENSON:
Estuvo allí bastante tiempo.

GIDEON FRIEDER:
Estuve allí desde octubre de 1944 hasta abril de 1945. Nunca dejé los alrededores de la casa. Excepto una vez, en diciembre, que fuimos caminando al siguiente pueblo. Calculo que estaba a unos cinco kilómetros, unas tres millas, o unas tres millas y media. Fuimos caminando en el medio de la nieve para la misa de gallo, en Navidad, en diciembre. Pero no recuerdo haberme alejado de los alrededores de la casa en otro momento.

BILL BENSON:
Y hablando de ir a misa, esta familia le dio una identidad.

GIDEON FRIEDER:
Por supuesto. Cuando llegué, obviamente. Una de las razones por las cuales creo que hicieron todo… Permítame que vuelva atrás en el relato. Ese pueblo de posiblemente cincuenta casas (o menos, quizás eran veinticinco) salvó a diez familias judías.

BILL BENSON:
¿Ese pueblo?

GIDEON FRIEDER:
Ese pequeño pueblo de católicos sumamente religiosos. En la cabaña que estaba, en esta casa… Por cierto, la foto de la casa es una foto moderna. En ese momento, la casa no tenía esa pared de concreto. Y no había ventanas de vidrio ni tan hermosamente pintadas de blanco. Ésta es una foto reciente.

Cada pared de las dos habitaciones grandes que componían la casa tenía una imagen enorme del corazón de Jesús. Eran personas de profundas creencias católicas. Salvaron a mucha gente. Por eso, cuando llegué allí, era obvio que si me llamaba Gideon Frieder, mis posibilidades de sobrevivir eran más bien mínimas. Entonces me dieron un nombre eslovaco, un nombre que sonaba muy eslovaco. Me llamaron Jan Suchý. Jan es la versión eslava de Juan. Y el apodo cariñoso es Janko, por lo tanto, me llamaban Janko. “Suchý” es un apellido muy común y sonaba muy eslovaco. En cierto sentido, es gracioso porque suchý significa “seco” en eslovaco. Y cuando me llevaron allí, lo último que podía decirse de mí es que estaba seco. Estaba empapado. Era un desastre.

Y me enseñaron… primero que nada crearon otra identidad. Era el hijo del hermano de la mujer. Y el hermano de la mujer… Fíjese qué inteligentes, eran personas sin estudios, pero eran muy inteligentes. Usted bien sabe que la inteligencia y los estudios son dos cosas diferentes. Eran muy inteligentes; sabían qué debía hacerse. Comprendían que debían crear una identidad para mí, que fuera perfecta. Mi ascendencia tenía que ser perfecta. Por lo tanto, mi ascendencia era: hijo del hermano de la mujer, que fue asesinado por los miembros de la resistencia. Entonces, para los alemanes, yo era alguien realmente valioso. Obviamente, los miembros de la resistencia no son de mi agrado; ellos asesinaron a mi padre.

Y me enseñaron. Me enseñaron una oración. Me dijeron: “si alguien te pregunta esto, les dices aquello”. Para mí era imposible comprender lo que me habían enseñado. Me daba igual. Lo memoricé y lo usaba.

Solamente después descubrí su significado. Lo que me habían enseñado era el padre nuestro. Perdón. Obviamente, ningún niño judío sabe el padre nuestro. Pero hay que retrotraerse a la década de 1940. Estas personas eran católicas. En la Iglesia Católica, la misa se celebraba en latín. Toda la liturgia era en latín, con tres excepciones, que estaban siempre en el idioma del país. Y una de esas excepciones era el padre nuestro.

Sin embargo, estas personas no tenían títulos universitarios; ni siquiera habían terminado la escuela primaria. Aprendieron esto de sus padres, quienes a su vez aprendieron de sus padres, y así durante generaciones. Las palabras en eslovaco eran otec náš ktorý si na nebesiach; o sea, “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Se llama Otčenáš; “Padre nuestro”. Todas estas palabras se balbuceaban. Pero los eslovacos las aprendían así. No importaba que se las balbuceara, porque así las decían los niños. No comprendían la misa en latín. Tampoco comprendían lo que decía la oración hasta que crecían y podían analizarla. De ese modo, esto me dio una identidad de un buen niño católico llamado Jan Suchý.

Así sobreviví. Pero piense en la inteligencia de estas personas. Cómo entendían qué se necesita para sobrevivir. Quizás era el primer judío que veían en su vida, pero comprendieron qué era importante para sobrevivir, cómo sobreviven los niños, e hicieron todo para que yo sobreviviera. Tengo muchas pruebas, de muchos años después, de que lo que estas personas hicieron no fue porque estuvieran amenazados.