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El camino hacia el genocidio nazi



La transcripción completa

NARRADOR: París, 1900.

Más de 50 millones de personas de todo el mundo visitaron la Exposición Universal: una feria mundial que pretendía promover una mayor comprensión y tolerancia entre las naciones, y celebrar la llegada del nuevo siglo, de nuevos inventos, y de un progreso fascinante.

El siglo XX comenzó de manera muy similar al nuestro: con la esperanza de que la educación, la ciencia y la tecnología pudieran crear un mundo mejor y más pacífico.

Lo que ocurrió poco después fueron dos guerras devastadoras.

El camino hacia el genocidio nazi
1918-1933

NARRADOR: La primera “guerra mundial”, que tuvo lugar entre 1914 y 1918, se libró en Europa y en otros lugares.

Llegó a ser conocida como “la guerra que pondría fin a todas las guerras”.

Arrojó una inmensa sombra sobre la vida de decenas de millones de personas.

“Esto no es una guerra”, escribía un soldado en una carta a su familia. “Es el fin del mundo”.

La mitad de los hombres franceses que tenían entre 20 y 32 años al estallar la guerra habían muerto al finalizar esta.

Más de un tercio de los hombres alemanes con edades comprendidas entre 19 y 22 años murieron.

Millones de veteranos sufrieron mutilaciones físicas y psíquicas.

Los avances de la tecnología diseñada para matar incluían el uso de gas venenoso.

Bajo el yugo de una masacre sin fin, los gobiernos se derrumbaron y los grandes imperios se disolvieron.

Fue una catástrofe que ensombreció la percepción mundial de la humanidad y su futuro.

Winston Churchill decía que la guerra había dejado “un mundo mutilado, roto”.

Consecuencia de la Primera Guerra Mundial y el ascenso del nazismo

NARRADOR: La humillante derrota de Alemania y el arreglo de paz posterior firmado en 1919 contribuirían de manera importante al auge del nazismo y a la llegada de una segunda “guerra mundial”, tan solo 20 años después.

Lo que conmocionó a muchos en Alemania del tratado firmado cerca de París, en el Palacio de Versalles, fue que los vencedores habían impuesto un futuro en el que Alemania quedaba despojada de todo poder militar importante.

El territorio de Alemania quedó reducido en un 13%.

Alemania se vio forzada a asumir toda la responsabilidad por el inicio del conflicto y a pagar elevadas reparaciones.

Para muchos, entre ellos el antiguo cabo del ejército, de 30 años, Adolf Hitler, el país había sido  “apuñalado por la espalda”, traicionado por conspiradores internos y por el gobierno que había aceptado el armisticio.

Lo cierto es que el ejército alemán había intentado, en secreto, poner fin a una guerra que ya no podía ganar en 1918.

“No podemos permitir que dos millones de alemanes hayan muerto en vano”, escribió después Adolf Hitler.

“¡Exigimos venganza!”.

A muchos veteranos y a otros ciudadanos, les costaba mucho entender la derrota de Alemania y la incertidumbre del futuro.

Las tropas habían abandonado los ensangrentados campos de batalla y habían regresado a una sociedad desconcertante.

Un nuevo y desconocido régimen democrático de gobierno, la República de Weimar, había sustituido al autoritario régimen imperial y se enfrentaba a intimidantes desafíos.

Miles de alemanes hacían cola para obtener trabajo y alimentos a principios de la década de 1920.

Los ahorros de la clase media se esfumaron debido a la pérdida de valor de la moneda, fruto de la elevada inflación.

[460.000 millones de marcos]

Algunas personas lo utilizaron como combustible.

La situación económica se estabilizó durante algunos años.

Después, estalló la depresión mundial de 1929.

El sistema bancario alemán se derrumbó y, en torno a 1930, el desempleo se disparó hasta alcanzar el 22%.

En un país azotado por el paro, resentido por la pérdida de territorio, y desmoralizado por la ineficacia de su Gobierno, las manifestaciones políticas a menudo desembocaban en actos violentos.

Muchos partidos políticos contaban con sus propias unidades paramilitares para atacar a sus opositores e intimidar a los votantes.

En 1932, 99 personas murieron en las calles en un mes.

La propaganda de extrema derecha y las manifestaciones alentaban el miedo a la propagación de una revolución comunista desde la Unión Soviética.

Surgieron nuevos problemas sociales como consecuencia de la rápida industrialización y el crecimiento de las ciudades.

Las normas de comportamiento estaban cambiando.

La delincuencia aumentaba.

Las normas sexuales estaban transformándose.

Por primera vez, las mujeres trabajaban fuera de casa de manera masiva, y la nueva constitución otorgó a las mujeres el derecho al voto.

La incipiente democracia alemana afrontaba una dura prueba como consecuencia del derrumbamiento de los antiguos valores y del miedo ante lo que podría venir después.

Adolf Hitler había sido un líder indiscutible del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (conocido como Partido Nazi) desde 1921.

En 1923, fue encarcelado por intentar derrocar al Gobierno.

Su juicio le hizo ganar popularidad y seguidores.

Durante el tiempo que permaneció en la cárcel, recopiló sus ideas políticas en un libro: Mein Kampf (Mi lucha).

Los objetivos ideológicos de Hitler contemplaban la expansión territorial, la consolidación de un Estado racialmente puro y el exterminio de los judíos europeos y de otros grupos percibidos como enemigos de Alemania.

Solamente cumplió una breve pena de cárcel y, una vez que se levantó la prohibición de su Partido Nacional Socialista, Hitler y sus seguidores reanudaron la lucha en las calles y en las zonas rurales.

El Partido Nazi reclutó miembros, se organizó y fundó un periódico para difundir su mensaje.

A la vez que restaba importancia a los objetivos nazis más radicales, proponía soluciones sencillas a los problemas de Alemania, explotando los miedos, las frustraciones y las esperanzas de la población.

A principios de la década de 1930, las elecciones se sucedían de manera vertiginosa.

Numerosos partidos y facciones se disputaban los votos.

Hitler demostró ser un candidato carismático y utilizó la más avanzada tecnología para llegar a la población.

El Partido Nazi se granjeó un amplio apoyo, incluido el de muchos miembros de la clase media: intelectuales, funcionarios públicos, estudiantes, profesionales, comerciantes y trabajadores arruinados a causa de la depresión.

Sin embargo, los nazis nunca obtuvieron más del 38% de los votos en unas elecciones nacionales libres.

Ningún partido fue capaz de ganar con una mayoría clara, y la falta de consenso político impidió a los sucesivos gobiernos dirigir  la nación de forma eficaz.

Adolf Hitler no resultó elegido para el cargo y no necesitó hacerse con el poder por la fuerza.

Se le ofreció la posibilidad de firmar un pacto precisamente cuando los nazis comenzaban a perder votos.

En enero de 1933, cuando el Presidente Paul von Hindenburg, antiguo héroe de guerra, propuso a Hitler desempeñar el cargo de Canciller dentro de un gobierno de coalición, los nazis no daban crédito a su suerte.

Los nazis eran revolucionarios que querían una transformación radical de Alemania.

Los políticos conservadores del nuevo Gabinete de Gobierno no simpatizaban con Hitler ni confiaban en él, pero la democracia les gustaba todavía menos, y veían en los partidos de izquierdas una amenaza mayor.

Dichos políticos recurrieron a los nazis para poder constituir una mayoría en el Parlamento.

Confiaban en que podrían controlar a Hitler.

Un mes después, cuando un incendio provocado redujo a cenizas el edificio del Parlamento alemán, Hitler y sus socios nacionalistas de la coalición aprovecharon la oportunidad.

Explotando el miedo generalizado a una insurrección comunista, culparon a los comunistas del incendio, y declararon el estado de excepción.

El Presidente Hindenburg firmó un decreto que suspendía todos los derechos civiles básicos y las garantías constitucionales, lo que sentaba las bases para las actuaciones policiales arbitrarias.

[Boletín Oficial del Reich]
[Presidente del Reich von Hindenburg]
[Canciller del Reich Adolf Hitler]

Los primeros objetivos del nuevo gobierno fueron sus opositores políticos.

Bajo el estado de excepción decretado, estos podían ser intimidados, agredidos y permanecer detenidos indefinidamente.

Los líderes sindicales y de los partidos de la oposición fueron detenidos.

Las autoridades alemanas enviaron a miles de personas, incluidos parlamentarios de izquierdas, a los nuevos campos de concentración.

A pesar del régimen de terror del nazismo y de la brutal represión de sus opositores, muchos ciudadanos alemanes aceptaron de buen grado o apoyaron activamente estas medidas radicales en aras del orden y la seguridad.

Muchos alemanes sentían una esperanza y confianza renovadas en el futuro de su país ante la perspectiva de un líder valiente, joven y carismático.

El jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, planeaba convencer a aquellos que aún permanecían indecisos.

GOEBBELS: [hablando en alemán] Debemos gobernar bien y, para llevar a cabo un buen gobierno, también necesitamos una buena propaganda. Ambos aspectos van unidos. Un buen gobierno sin propaganda es tan inviable como una buena propaganda sin un buen gobierno.

NARRADOR: Hitler pronunció un discurso ante las SA, su guardia de asalto.

HITLER: [hablando en alemán] ¡Alemania ha despertado! Nos hemos ganado el poder en Alemania. Ahora, debemos ganarnos al pueblo alemán.

Crear una “comunidad nacional”
1933-1936

NARRADOR: La solemne reapertura del Parlamento, orquestada por Joseph Goebbels, pretendía vincular el Gobierno de Hitler con el pasado imperial de Alemania y presentar a los nazis como los salvadores del futuro de la nación.

El evento contó con una cuidadosa puesta en escena para garantizar a los grupos influyentes de la sociedad alemana, incluido el ejército, que Hitler respetaría sus tradiciones.

Posteriormente, los noticiarios controlados por los nazis transmitieron la impresión de que el Ejército apoyaba al nuevo Gobierno.

Aunque Hitler era simplemente el número dos del veterano Presidente Hindenburg en ese momento, el nuevo canciller pronto se convertiría en el dictador absoluto de Alemania.

COMENTARISTA: La jornada de hoy estaba dedicada a la Nueva Alemania.

Y más de cien mil escolares se han mostrado unidos, hombro con hombro, mientras el coche que trasladaba al anciano Presidente y al Canciller avanzaba entre la multitud hacia la tribuna de oradores.

Al margen de que se compartan o no sus doctrinas, cabe admitir que el liderazgo de Hitler ha logrado unir al pueblo alemán por primera vez desde la guerra.

Su entusiasmo casi fanático ha asombrado al mundo entero...

NARRADOR: Hindenburg se mantuvo como Presidente hasta su muerte en agosto de 1934.

Fallecido Hindenburg, Hitler, con el acuerdo del ejército, suprimió el cargo de Presidente y se autoproclamó Führer y Canciller del Reich, líder de la nación y Jefe de Gobierno.

Desde ese momento no existió ninguna autoridad a su nivel o por encima de él.

Inmediatamente, las fuerzas armadas prestaron juramento de lealtad a Adolf Hitler.

MULTITUD: [hablando en alemán] Juro solemnemente ante Dios rendir obediencia ciega al Führer Adolf Hitler…   

NARRADOR: Todos los funcionarios públicos, incluidos los profesores y la policía, los parlamentarios y la judicatura, prestaron juramento de lealtad, pero no a ninguna constitución, sino a Hitler como Führer de la nación alemana.

La economía había tocado fondo cuando los nazis llegaron al poder.

Estos impulsaron su recuperación mediante grandes proyectos de obras públicas para los desempleados.

NOTICIARIO: [hablando en alemán] Medio millón de camaradas del pueblo han vuelto a trabajar este año. Desde la toma de poder por parte del Gobierno, el número de desempleados ha caído más de la mitad. 

NARRADOR: Hitler inauguraba nuevas autopistas con aire triunfal, como muestra de la voluntad nacional que uniría al país y facilitaría los planes secretos de expansión de las fuerzas armadas de Alemania.

En 1935, Alemania desafió abiertamente el Tratado de Versalles de 1919 al instaurar nuevamente el servicio militar y aumentar su potencial bélico.

Los nazis estaban cumpliendo sus promesas de restaurar y fortalecer la nación.

Sus logros contribuyeron a que muchas personas pasaran por alto las políticas radicales nazis o incluso las apoyaran.

En septiembre de 1935, el Partido Nazi se reunió en Nuremberg para celebrar su congreso anual.

Este se inauguró con la interpretación de un himno tradicional que añadía solemnidad al acto, así como una sensación de continuidad con respecto al pasado.

El acto se clausuró con la celebración de una sesión parlamentaria especial lejos de Berlín.

Hitler presentó nuevas leyes raciales que el Presidente del Parlamento, Hermann Göring, se encargó de leer.

GÖRING: [hablando en alemán] La ciudadanía alemana se limitará a los connacionales de sangre alemana o afín. Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín. [Hablando con entusiasmo]

NARRADOR: El régimen nazi pretendía crear una Alemania racialmente pura, cuyos denominados “rasgos superiores” la convertían en la raza ideal para gobernar todo el continente europeo.

El nazismo predicaba que la lucha racial era el motor de la historia: las razas “superiores” debían luchar contra las razas “inferiores” para evitar que estas las corrompieran.

El concepto nazi de comunidad nacional era excluyente y basado en la raza, tal como se definía en las nuevas leyes y decretos.

Heinrich Himmler y las SS lideraban esta lucha ideológica.

Las ideas racistas se enseñaban en las escuelas.

Determinados grupos, como los judíos, los eslavos, los negros y los romaníes, también llamados gitanos, se calificaron como razas inferiores.

Se consideró que las personas con discapacidad física o psíquica “no merecían vivir”.

Científicos y profesionales de la medicina aplicaron teorías pseudocientíficas para medir y evaluar las características raciales.

[Película de propaganda nazi]

De ciudadanos a marginados
1933-1938

NARRADOR: Antes de que los nazis llegaran al poder, los judíos disfrutaban de los mismos derechos que cualquier ciudadano de Alemania.

A partir de 1933, el Gobierno alemán fue marginando progresivamente a los judíos de la vida pública y del sistema educativo público.

Las nuevas escuelas privadas judías proporcionaban un entorno de aprendizaje seguro a algunos de ellos.

En 1938, las autoridades alemanas habían logrado aislar y segregar a los judíos de Alemania, expulsándolos del ámbito profesional y privándoles de casi todas las oportunidades para ganarse la vida.

[Sólo para arios]
[¡Sólo para judíos!]
[Médico ario]
[Médico de cabecera]
[Médico ario]

Recuerdos de jóvenes judíos

STEINHARDT: Nos preguntábamos: “¿por qué no podemos formar parte de esto?

“¿Por qué no podemos?”. Todo el mundo decía, “Heil Hitler” tal cual.

Yo también lo decía.

¿Qué sabía yo?

Solo tenía ocho años.

Así que mi madre me decía: “no debes hacer eso”.

Yo preguntaba: “¿por qué?”.

Ella decía: “¿acaso no sabes que eres judía?”.

Yo decía: “¡Ah! lo había olvidado”.

NARRADOR: A los judíos de Alemania se les recordaría su condición en múltiples ocasiones.

MEGÁFONO: [hablando en alemán] Señoras y señores: esto es un boicot a las tiendas judías. Por favor, circulen.

STERN: Este sentimiento de aislamiento que nos invadió a partir de 1933, y que iba aumentando progresivamente, también nos afectó psicológicamente.

Sabíamos que vivíamos en un mundo hostil.

[Der Stürmer]
[La guerra de 4000 años]
[¡Los judíos son nuestra maldición!]

NARRADOR: Entre 1933 y 1939, el Gobierno alemán promulgó cientos de leyes orientadas a estigmatizar, segregar y empobrecer a los judíos alemanes.

[Los bancos amarillos son para judíos]
[No se quieren judíos aquí]
[¡Quienquiera compra de judíos es un traidor a la nación!]

HAAS: Mi hermana y yo solíamos deambular entre esos enormes carteles colocados por toda la ciudad.

Y, simplemente, evitábamos mirarlos, pensando que, si no los veíamos, no estaban ahí.

Pero estaban ahí.

Y poco a poco fueron ocupando todo el espacio.

STREICHER: [hablando en alemán] …si no solucionamos la cuestión judía, no habrá solución para la humanidad.

[¿Conoce el judío?]

NARRADOR: El objetivo de la propaganda nazi era demonizar a los judíos e incitar a los alemanes a percibir a los judíos como forasteros peligrosos entre ellos.

[Der Stürmer]
[¡Los judíos son nuestra maldición!]

A partir de 1935, el antisemitismo cotidiano se convirtió en un elemento recurrente en los desfiles y carrozas de carnaval.

Las manifestaciones públicas de antisemitismo incrementaron el clima de hostilidad existente contra los judíos en Alemania, o al menos, la indiferencia hacia la forma en que se les trataba.

[Mentirosos de la prensa mundial]
[Judío]

En marzo de 1938, las tropas alemanas se desplazaron a la vecina Austria.

Alemania hacía trizas otra de las disposiciones del Tratado de Versalles, al quedar la patria natal de Hitler anexionada a Alemania.

Este hecho supuso una catástrofe para los judíos austríacos.

En solo un año, los nazis lograron en Austria lo que les había costado cinco años llevar a cabo en Alemania.

El 9 de noviembre, el Partido Nazi provocó un estallido de violencia antisemita en todo el territorio de la Gran Alemania.

Fue un ataque desmedido que indignó al mundo y suscitó críticas al régimen por parte de muchos alemanes.

Los comercios de los judíos, que habían sufrido ya ataques antisemitas, fueron objeto de actos vandálicos intencionados, camuflados como manifestaciones públicas espontáneas.

Diversos cargos del partido daban órdenes a las SA, las SS y las Juventudes Hitlerianas para que destruyeran tiendas de judíos e incendiaran sinagogas.

Más de 7.000 comercios regentados por judíos fueron objeto de actos vandálicos.

Los alemanes denominaron aquellos ataques violentos con el término Kristallnacht (la Noche de los Cristales Rotos), debido a los cristales rotos de los escaparates de las tiendas regentadas por judíos esparcidos por las calles.

La violencia desatada por todo el país destruyó o provocó daños en más de 250 sinagogas.

HAAS: Después de la Kristallnacht, recuerdo que iba conduciendo por Berlín y veía las sinagogas ardiendo, todos los cristales tirados en las calles y a la gente, abatida y deprimida.

Deambulaban como víctimas, como almas en pena.

NARRADOR: La policía alemana abarrotó los campos de concentración con miles de presos judíos.

Las SS únicamente los liberaban si aceptaban emigrar.

Pero los judíos enfrentaban cuotas de inmigración cada vez más restrictivas en la mayoría de los países y también obstáculos burocráticos en Alemania.

Una nueva ley promulgada en octubre de 1938 exigía a los judíos la entrega de sus antiguos pasaportes, que solamente recuperarían su validez una vez estampada la letra “J” en ellos.

Dos meses más tarde, otra ley impidió la fuga de capital en posesión de los judíos, a raíz de que el Ministerio de Economía ordenase inmovilizar todas las propiedades y los activos de los judíos.

Muchos de los que disponían de medios y tenían un lugar a donde ir intentaron salir de Alemania.

Algunas familias enviaron a sus hijos solos a otros países más seguros.

No podían imaginar que, muy pronto, el mundo entraría en guerra.

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto
1939-1945

NARRADOR: A medida que el régimen nazi llevaba a la práctica su antiguo objetivo de expansión territorial, los ataques contra países vecinos de Alemania se desarrollaron al principio con éxito, sin encontrar resistencia armada.

Hitler contaba con la reticencia de Gran Bretaña y Europa a una posible intervención, por miedo a que se desencadenase otra guerra.

La ocupación alemana de Praga, la capital de Checoslovaquia, despejó todas las dudas acerca de la intención de Alemania de llevar a cabo una conquista militar en Europa Oriental.

El 1 de septiembre de 1939, un numeroso contingente alemán invadió y conquistó Polonia en solo un mes.

Este episodio marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En abril de 1940, Alemania ocupó Dinamarca y Noruega.

En mayo, las fuerzas armadas alemanas atacaron Francia, los Países Bajos, Luxemburgo y Bélgica.

En junio, cayó París y Francia se rindió.

La rápida e inesperada victoria sobre Francia supuso una venganza para Alemania por la derrota y la humillación sufridas en la Primera Guerra Mundial.

Este acontecimiento disparó la popularidad de Hitler y la confianza que este despertaba entre la población alemana.

En junio de 1941, el ejército alemán, con más de tres millones de soldados, invadió la Unión Soviética para desatar una guerra de exterminio contra decenas de millones de civiles.

En un contexto de guerra y de ocupación militar, el régimen nazi podía continuar avanzando hacia sus objetivos políticos y raciales adoptando medidas más radicales.

A medida que las tropas alemanas avanzaban hasta Europa Oriental, el poder de Alemania se extendía sobre otros muchos millones de habitantes judíos de los territorios ocupados, donde las autoridades alemanas podían explotar las actitudes antisemitas existentes en la población local.

Por toda Europa Oriental, las autoridades alemanas confinaron a las personas identificadas como judíos en reducidas zonas masificadas denominadas guetos.

Separados de la población no judía, los judíos de los guetos de mayor tamaño eran encarcelados tras muros de ladrillo y alambre de espino.

La marcha alemana hacia el este se planteó como una cruzada contra el judaísmo y el comunismo, que, para los nazis, constituían dos caras de un mismo mal.

Los soldados alemanes y los oficiales de la policía trataban a los prisioneros de guerra soviéticos de manera infrahumana: los fusilaban o les causaban intencionadamente la muerte abandonándolos a la intemperie o por inanición.

Millones de personas murieron bajo cautiverio alemán.

En el frente oriental, la instrucción política y racial constituía una parte habitual de la formación impartida a todos los cuerpos de las fuerzas de ocupación alemanas.

[La conspiración judía]

El Comandante en Jefe de las SS, Heinrich Himmler se refirió a la guerra contra la Unión Soviética, durante un discurso pronunciado ante sus hombres, de la siguiente manera: “Esta invasión constituye una batalla ideológica y una lucha de razas.

“En este bando de la lucha se encuentra el nacionalsocialismo: una ideología basada en el valor de nuestra sangre germánica y nórdica... En el bando contrario se encuentra una población de 180 millones de personas, una mezcla de razas cuyos solos nombres resultan impronunciables, y cuyas características físicas bastarían para fusilarlos sin ningún tipo de piedad ni compasión...”.

En julio de 1941, Hermann Göring, segundo al mando de Hitler, autorizó todos los preparativos necesarios para la aplicación de la “solución final a la cuestión judía” dentro del territorio europeo bajo control alemán.

[...la solución final del problema judío...]

A medida que el ejército alemán avanzaba, los escuadrones itinerantes de la muerte los seguían a su paso.

El ejército alemán, las milicias de las SS y las unidades de la policía alemana desempeñaron un papel activo en la autorización de las masacres.

Los alemanes y sus cómplices acorralaban a las víctimas, los trasladaban a pie o en camiones hasta un campo de ejecución, les solían obligar a quitarse la ropa y los fusilaban.

Entre los participantes en dichos crímenes se encontraban colaboradores locales, especialmente la policía, de países como Letonia, Lituania, Estonia, Ucrania y Belarús.

Los escuadrones de la muerte alemanes y sus ayudantes asesinaron al menos a dos millones de hombres, mujeres y niños judíos, en fusilamientos masivos.

Tras su regreso a Alemania, las SS y la policía deportaron al resto de los judíos a los territorios orientales ocupados.

En la Varsovia ocupada por los alemanes, el gueto amurallado en el que se encerró a los judíos alemanes por primera vez en 1942 se había convertido ya en un lugar de sufrimiento masivo, debido al terrible hacinamiento, a la falta de saneamiento, a las enfermedades y a la situación de inanición impuesta por los alemanes.

A pesar de todos los esfuerzos realizados por los presos judíos para sobrevivir y mantener a sus comunidades, dichas condiciones fueron provocando, cada vez en mayor medida, la muerte de miles de personas.

Los más vulnerables eran los niños huérfanos.

Inicialmente, las autoridades de la ocupación alemana crearon guetos para concentrar a los judíos en un mismo lugar y mantenerlos separados de la población no judía.

A medida que la guerra avanzaba, muchos guetos se utilizaron como bases de operaciones para el transporte de judíos hacia el este, lo que se denominó eufemísticamente “reasentamiento” por parte de los alemanes, quienes prometían a sus cautivos mejores condiciones y oportunidades de trabajo.

Estas personas padecieron un sufrimiento inimaginable durante aquellos viajes que duraban días, sin comida, agua ni instalaciones sanitarias.

Muchos de los más débiles, los jóvenes y los ancianos murieron antes de poder llegar a su destino.

Los alemanes y sus colaboradores deportaron a aproximadamente 2,7 millones de judíos y personas de otros grupos a campos de exterminio situados en territorios de Polonia bajo ocupación alemana.

Hasta el mayor de estos campos, el de Auschwitz-Birkenau, llegaban transportes de personas procedentes de toda Europa.

[Testimonio de Lilly Malnik, sobreviviente de Auschwitz]

MALNIK: Los transportes de personas llegaban a diario, con personas de todo tipo que hablaban diferentes idiomas: húngaros, polacos, checoslovacos, gente de Holanda, de Francia, de Bélgica, de Alemania, de Italia, rusos... Venían de todas partes.

[Testimonio de Norbert Wollheim, sobreviviente de Auschwitz]

WOLLHEIM: Mi mujer estaba despidiéndose de mí, en cierto modo, y esa fue la última vez que la vi.

[Testimonio de Fritzie Fritzshall, sobreviviente de Auschwitz]

FRITZSHALL: El olor, las cámaras de gas. Cuando pregunté “¿cuándo podré ver a mi madre?”, me señalaron el humo.

Así es como descubrí lo que había sido de ella.

[Testimonio de Ernest Koenig, sobreviviente de Auschwitz]

KOENIG: Pasó mucho tiempo hasta que empecé a darme cuenta de que estábamos condenados a morir: todos los judíos estaban condenados a morir.

NARRADOR: Aquellas personas que las SS consideraban no aptas para trabajar eran asesinadas, a menudo 2 o 3 horas después de llegar.

Los que sí podían trabajar se sometían a trabajos forzados, en condiciones penosas.

Una vez que ya no podían seguir trabajando, ellos también eran ejecutados.

En muchos centros de exterminio, exclusivamente diseñados para asesinar a seres humanos a escala industrial, las autoridades del campo utilizaban gas venenoso para matar a niños, mujeres y hombres.

En estos campos de exterminio, murieron casi la mitad de todas las víctimas del Holocausto.

Los campos de Majdanek y Auschwitz fueron los primeros en ser liberados, una vez que las tropas soviéticas entraron en Polonia.

Las noticias sobre la liberación de Majdanek en el verano de 1944 fueron recibidas con incredulidad.

El diario New York Herald Tribune afirmaba:  “Quizá debamos esperar a la confirmación de la noticia...  Parece algo impensable.”

En abril de 1945, las tropas de los Estados Unidos destacadas en Alemania y Austria se toparon con los campos de concentración de Buchenwald, Dachau, Nordhausen, Mauthausen y Ohrdruf.

Los soldados pudieron contemplar los campos con sus propios ojos y comprobar la innegable realidad.

El General Dwight Eisenhower, comandante de las fuerzas de liberación aliadas, escribió:  “Lo que vi supera cualquier descripción...  “La prueba visual y el testimonio verbal de la inanición,  “la crueldad y la brutalidad eran... abrumadoras...”.

En las salas de cine estadounidenses, los noticiarios convirtieron en testigos a miles de personas más.

Un comentarista afirmaba lo siguiente: “Las generaciones futuras deben saberlo: “hubo una vez en que el ser humano hizo esto a sus hermanos.

“En pleno siglo XX, hubo “una civilización que durante doce años volvió a la barbarie”.

La conmoción invadía los campos a medida que las tropas de liberación intentaban comprender lo que estaban viendo.

[Campo de Bergen-Belsen]
[Liberado por las fuerzas británicas]

Los soldados hicieron todo lo posible para ocuparse de los muertos y ayudar a los supervivientes.

Quienes habían logrado sobrevivir se enfrentaban a la ardua tarea de recuperar su dignidad y volver, de algún modo, a la vida.

El Holocausto ensombreció la percepción mundial de la humanidad y su futuro. Mientras el mundo se esforzaba por comprender lo sucedido, fue necesario crear una nueva palabra, “genocidio”, para referirse a aquellos crímenes. Crímenes cometidos por gente corriente de una sociedad que no era tan diferente de la nuestra.

Vea una película nueva producida por el Museo que ofrece un panorama conciso del Holocausto y lo que lo hizo posible. A través de película histórica infrecuente, este documental examina el ascenso y la consolidación del poder de los nazis en Alemania, así como su ideología racista, la propaganda y la persecución de los judíos y otros civiles inocentes. Esta película también sintetiza el camino a través la cual los nazis llevaron a un país a la guerra y, con sus colaboracionistas, asesinaron a millones—incluyendo el asesinato sistemático de seis millones de judíos. El objetivo de este documental (38 minutos) es fomentar la reflexión y el debate sobre el papel de la gente común, las instituciones y las naciones entre 1918 y 1945.

Los subtítulos en árabe, chino, inglés, francés, ruso y español fueron producidos en colaboración con el Programa de Divulgación del Holocausto y las Naciones Unidas.

Esta película ha sido concebida para adultos, pero algunas partes pueden ser apropiadas para niños. 

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