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Fritz Gluckstein: Berlín después de la Segunda Guerra Mundial

First Person Podcast Series

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24 de junio de 2009

Fritz Gluckstein cuenta cómo era la vida inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial en Berlín y su posterior emigración a los Estados Unidos. Fritz era hijo de padre judío y de madre cristiana y, conforme a la ley nazi, fue clasificado como Mischlinge, de ascendencia mixta o parcialmente judío. Fritz pasó la guerra en Berlín, asignado a varios batallones de trabajos forzados.

LA TRANSCRIPCIÓN COMPLETA

FRITZ GLUCKSTEIN:
“No era nada prometedor. Berlín estaba destruido. No había electricidad ni calefacción; teníamos que ir al bosque para conseguir nuestra propia leña”.

NARRADOR:
Más de sesenta años después del Holocausto, el odio, el antisemitismo y el genocidio todavía amenazan a nuestro mundo. Las historias de vida de los sobrevivientes del Holocausto trascienden las décadas, y nos recuerdan que permanentemente es necesario ser ciudadanos alertas y poner freno a la injusticia, al prejuicio y al odio, en todo momento y en todo lugar.

Esta serie de podcasts presenta fragmentos de entrevistas a sobrevivientes del Holocausto realizadas en el programa público del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos llamado En primera persona: conversaciones con sobrevivientes del Holocausto.

En el episodio de hoy, Fritz Gluckstein le cuenta al presentador, Bill Benson, cómo era la vida en Berlín inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y su posterior emigración a los Estados Unidos. Conforme a la ley nazi, Fritz fue clasificado como Mischlinge, o persona de “ascendencia mixta”, y pasó la guerra en Berlín asignado a varios grupos de trabajos forzados.

BILL BENSON:
¿Cuándo tuvo la certeza de que estaba a salvo?

FRITZ GLUCKSTEIN:
Recuerdo que en esa época ya vivíamos en el sótano. Salí para tratar de conseguir un poco de pan. Cuando volví, los rusos estaban junto al edificio. Y por supuesto tuvimos que convencerlos de que no éramos nazis. Todos los judíos [inaudible], pero vivíamos con otras parejas judías, y tuvimos que ir a vivir todos juntos.

Bueno, los convencimos de que éramos judíos y entonces nos dimos cuenta de que, bueno, habíamos sobrevivido al Tercer Reich.

BILL BENSON:
¿Entonces, los rusos no creían que eran judíos?

FRITZ GLUCKSTEIN:
Tuvimos que convencerlos de que nosotros… mire, cualquier joven podría haber sido un nazi sin uniforme.

BILL BENSON:
Claro, claro. ¿Cómo era tratar de sobrevivir una vez terminada la guerra, entre los escombros de Berlín?

FRITZ GLUCKSTEIN:
Por supuesto, no era nada prometedor. Berlín estaba destruido. No había electricidad ni calefacción; teníamos que ir al bosque para conseguir nuestra propia leña. Una semana o un mes, los rusos se encargaban de las provisiones de alimentos y nos daban pan integral; al mes siguiente, las potencias occidentales se encargaban de las provisiones de alimentos y nos daban pan blanco.

En ese momento, nos mudamos a las afueras de la ciudad. Tuvimos suerte porque podíamos plantar frijoles en el jardín y tomates en el patio trasero. Teníamos un jardín adelante y un patio trasero. Y por supuesto, en ese momento, llegaron los primeros paquetes.

[Fueron] muy bienvenidos porque en ese momento la moneda eran los cigarrillos. Si uno tenía cigarrillos, no tenía de qué preocuparse. Recuerdo que todas las marcas eran bienvenidas, pero buscábamos los Camel, los más valiosos; todavía me acuerdo siempre de Lucky Strike y, ¿cómo se llamaban? Los Old Gold e incluso los Raleigh. Pero, definitivamente, esa era la moneda.

BILL BENSON:
¿Y con eso podían hacer trueque?

FRITZ GLUCKSTEIN:
Recuerdo que cuando partí a los Estados Unidos, antes de que subiéramos a la embarcación, nos dijeron: “Damas y caballeros, una vez que entren a la embarcación, un cigarrillo es sólo un cigarrillo”.

BILL BENSON:
Fritz, ¿alguna vez pensó en vengarse de los alemanes?

FRITZ GLUCKSTEIN:
Por supuesto. Decíamos: “Seamos pacientes; cuando esto termine, a fulano y mengano los vamos a atrapar”. Una vez que terminó, no nos rebajamos al nivel de ellos. No, no lo hicimos.

BILL BENSON:
¿Qué le hizo decidir ir a los Estados Unidos? Y si se hubiera quedado, ¿habría estado bajo dominio ruso?

FRITZ GLUCKSTEIN:
No, en realidad, nos tocó estar en el sector estadounidense. Pero, después de la guerra, sentí que no era mi deber reconstruir Alemania. Y antes de que me fuera, mi padre me dijo: “Mira, si yo tuviera diez años menos, tu madre y yo iríamos contigo. ¿Pero qué puedo hacer allí? La ley es completamente diferente; se basa en el derecho anglosajón. Aquí se basa en el derecho romano. No puedo ejercer mi profesión. Pero tú ve”.

Y también me dijo: “Fritz, espero que elijas una profesión que no se limite a un solo país, como la abogacía”. Y le hice caso; me hice veterinario.