

En toda la Europa ocupada por los alemanes, los nazis arrestaron a aquellos que se resistían a su dominación y a quienes consideraban de raza inferior o inaceptables desde el punto de vista político. Las personas arrestadas por resistirse al régimen alemán fueron en su mayoría enviadas a campos de concentración o de trabajos forzados. Los alemanes deportaron a los judíos de toda la Europa ocupada a los campos de exterminio de Polonia, donde fueron asesinados sistemáticamente, y también a campos de concentración donde fueron usados para realizar trabajos forzados. Los campos de tránsito como Westerbork, Gurs, Mechelen y Drancy en Europa Occidental, y los campos de concentración como Bolzano y Fossoli di Carpi en Italia, fueron utilizados como centros donde se reunía a los judíos que luego eran deportados en trenes a los campos de exterminio. Según los informes de las SS, había más de 700.000 prisioneros registrados en los campos de concentración en enero de 1945.
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