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Enciclopedia del Holocausto

 

 

 

Detrás de cada nombre, una historia: Miriam (Rot) Eshel. Parte II: Después del Holocausto

Retrato de la familia Rot, tomada por un fotógrafo en el ghetto de Munkacs, Hungría, en 1944. Después del Holocausto, Miriam, la hija mayor, recuperó esta fotografía. Es el único retrato de la familia que sobrevivió.

Retrato de la familia Rot, tomada por un fotógrafo en el ghetto de Munkacs, Hungría, en 1944. Después del Holocausto, Miriam, la hija mayor, recuperó esta fotografía. Es el único retrato de la familia que sobrevivió.

Detrás de cada nombre, una historia (BENAS, por sus siglas en inglés) es un proyecto del Centro de Recursos para Sobrevivientes y Víctimas del Holocausto (Holocaust Survivors and Victims Resource Center) del Museo. El proyecto web BENAS consiste en ensayos que describen las experiencias de sobrevivientes durante el Holocausto.

De una familia de once miembros, solo sobrevivieron Miriam y su hermano menor, Baruch. Su terrible historia no terminó con la liberación. Lea los fragmentos del testimonio que dio Miriam en 2003, donde describe sus vivencias después de la liberación. Explore los mapas y las fotografías que ilustran los hechos de esa época.

Después del Holocausto, Miriam y su hermano querían irse de Europa. En palabras de Miriam:

Quienes tenían dinero compraban certificados para ingresar a los Estados Unidos, Inglaterra o Eretz Israel (Tierra de Israel). Pero nosotros no teníamos dinero, así que fuimos a la escuela y aprendimos todo lo que pudimos. Un día, le dije a mi hermano que había decidido ir al Comité para la Distribución Conjunta, a fin de informarme sobre nuestra situación. No quería vivir así indefinidamente. Quería seguir con mi propia vida. Me dijeron que podían transferirnos a Francia. Allí, había un grupo de adultos que se estaban organizando para ir a Israel. Debido a que éramos muy jóvenes, debíamos decidir nosotros si unirnos a ellos. El Comité nos ayudaría. Dijimos: “Queremos ir a Eretz Israel a cualquier precio”. Al amparo de la noche, nos ayudaron a cruzar la frontera entre Alemania y Francia, ilegalmente, por supuesto. Nos alojaron en una casa aislada en un bosque, cerca de Cap d'Aix, en la Riviera francesa, entre Niza y Montecarlo.

Ya no pasábamos hambre. Hacía un tiempo que no pasábamos hambre. Teníamos suficiente comida: pan, arenque, sopa, carne. Teníamos mejor aspecto. Había algunas familias que querían adoptarme a mí, pero no a mi hermano. Me negué. Les dije que me iba a Israel. Seguimos en ese lugar varios meses, pero nada cambió. Hablé con la persona responsable, y le dije que éramos jóvenes y queríamos ir a Israel. No era nuestra culpa que los certificados para los adultos se demoraran tanto. Éramos jóvenes y estábamos ansiosos por irnos. Nos dijeron que no podían llevarnos a Israel todavía, pero que nos enviarían a unirnos a un grupo de París, que estaba preparándose para ir a Israel como miembros del movimiento Betar… Estuvimos allí varios meses y nos prometieron que esa sería la última escala antes de llegar a Palestina.

Miriam describe el viaje por mar hacia Haifa y su traslado a Chipre.

Desde allí, nos llevaron a una ciudad llamada Trets, a unos de 50 kilómetros de Marsella, donde nos quedamos un tiempo, esperando la oportunidad de zarpar hacia Israel. Desde allí era posible conseguir llegar al puerto durante la noche. Nos esperaba un velero con motor. Zarpamos en ese barco, llamado “LA NEGEV” en enero de 1947, apretujados, pues no había mucho espacio para todos nosotros. Tardamos 21 días en navegar desde Marsella hasta Palestina. Todo el tiempo, teníamos que vaciar el agua que entraba al barco. El motor hizo un ruido feo todo el camino y la comida era escasa: teníamos galletas y agua de barriles oxidados. Vomitábamos todo el tiempo.

Después de 21 días, llegamos al puerto de Haifa. Sabíamos que habíamos llegado al puerto porque había reflectores enormes en la playa. De repente, iluminaron nuestro barco. En tres minutos, estábamos rodeados por tres acorazados y soldados británicos… Nos trasladaron a uno de los acorazados. ¿Qué hicieron? ¡Nos llevaron a Chipre! Al menos, no era un campo de tortura. Nos dieron comida, había duchas al aire libre y quien quería estudiar podía hacerlo. Había muchos grupos organizados. Yo estudié hebreo… Nos quedamos en Chipre desde febrero hasta agosto de 1947. Luego, a los más jóvenes (de hasta 17 años) se les permitió ingresar a Palestina sin certificados, como miembros de la Aliyah de jóvenes (la inmigración de jóvenes). Los adultos debían esperar en Chipre. Nos llevaron a una pequeña ciudad llamada Atlit, al sur de Haifa.

Debido a que estábamos con el movimiento Betar, nos llevaron a Shuni, cerca de Biniamina. ... Permanecimos allí hasta la primavera de 1948...

Miriam se alistó en el servicio militar de Israel en septiembre de 1948.

Cuando fuimos a las misiones, enviaron a mi hermano a la unidad de Etzel para tomar la ciudad árabe de Ramla, a unos 15 kilómetros al este de Tel Aviv. ... Me alisté en el servicio militar en septiembre de 1948. Cuando uno se enlista en el ejército, le preguntan sobre la familia y a quién contactar si algo sucede. Era doloroso estar sola en el mundo y convertirse en soldado… Trabajé en varias clínicas militares junto a un médico, después de tomar varios cursos de capacitación especializados en enfermería, primeros auxilios y otros procedimientos de tratamientos médicos.

Cuando de los montes de Efraín regresé a Shuni a buscar a mi hermano y pregunté dónde estaba, me dijeron que lo habían enviado a una misión y que regresaría pronto. Esperé varios días. Iba a la calle todos los días para esperarlo.

Así supe que mi hermano menor había muerto.

Como dije antes, me alisté en septiembre de 1948. En 1951, los rabinos del ejército me dijeron que un aldeano árabe les había mostrado unas tumbas de un grupo de jóvenes cerca de Ramla. Me pidieron algunos detalles de mi hermano, para poder identificarlo. Les mencioné que tenía dos dientes prominentes y un cinturón con un emblema. En 1952, el grupo fue enterrado en una tumba colectiva en Givat Shaul, el principal cementerio militar del área de Tel Aviv (sollozos).

Ese año, en el Día de los Caídos, fueron reconocidos oficialmente como soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel. Yo realmente quería que las autoridades lo reconocieran como soldado. Un niño, que sobrevivió el infierno del Holocausto, que estuvo en Dachau, que sobrevivió la marcha de la muerte. Uno de mis primos trabajaba en la cocina de Dachau e identificó a mi hermano menor. Comenzó a robar comida para él y así lo salvó.

No me interesaba recibir ningún beneficio de pensión de él. Gracias a Dios, tenía suficiente para comer. No era mi deseo que mi hermano fuera reconocido como héroe, sino como un niño que dio la vida por su país después de sufrir y de sobrevivir el infierno. Cada año, participo en su tumba en la ceremonia del Día de los Caídos de las FDI. También hay una placa conmemorativa en mi sinagoga dedicada a él y a todos mis familiares, de los cuales ninguno, salvo mi hermano y yo, sobrevivió el Holocausto.

Miriam se casó en mayo de 1953.

Sin embargo, Dios no me olvidó, después de todo. Tuve suerte y en el ejército conocí a mi esposo… Él también provenía de una familia religiosa. Nos casamos en mayo de 1953 y con la gracia de Dios comenzamos juntos una nueva tribu, todos viviendo en Israel. Le rezo a Dios para que los mantenga a todos sanos y prósperos… Él nació en Berlín en 1929 y cuando tenía 4 años llegó con su familia a Palestina en 1933. Cuando su padre vio que maltrataban a los judíos en las calles de Berlín, regresó al hogar y le dijo a su esposa, Sara, que debían mudarse a Israel sin demoras. Ella accedió inmediatamente y la familia viajó a Cracovia, Polonia, donde el abuelo, un rabino conocido, vivía con toda la familia. La familia entera se quedó allí, pero los padres de mi esposo insistieron en continuar su viaje a Israel (Palestina, en aquellos días). Mi suegra me contó que cuando partían, su madre corrió tras el vehículo, llorando para que no se fueran. Se taparon los oídos, no quisieron mirar hacia atrás y llegaron a Eretz Israel. Gracias a esto, ellos sobrevivieron, mientras el resto de la familia fue aniquilada.

Aquí, juntos establecimos un hogar

Miriam resume su historia.

Creo que lo que intenté contar está muy bien sintetizado en un poema (uno de muchos) que mi esposo me escribió para el quincuagésimo aniversario de nuestra boda. Es este, traducido libremente.

Ella concluye:

Esa es mi historia. Recuerdo la mayor parte bastante vívidamente. Recuerdo el hambre, el frío, el miedo, los golpes, la degradación interminable, la pérdida total de esperanzas y de humanidad. Mi familia entera terminó en Auschwitz. Algunas personas niegan el Holocausto y dicen que nunca sucedió. Pero sí sucedió. En Auschwitz se ven los crematorios. Todavía no volví a visitar Auschwitz. Mi esposo y yo todavía debatimos el tema. Por un lado, recordar es obligatorio, pero, ¿tenemos la fuerza para regresar a aquel infierno? … No quiero derrumbarme y avergonzar a mis hijos y nietos. Tengo que luchar conmigo misma para mantenerme fuerte. No es fácil, en absoluto.

A veces, por la noche siento terror. No sé de qué, pero siento el miedo. Ni siquiera lo comento. Intento calmarme y controlarme. Espero lograrlo. Tengo un propósito en mi vida: tengo una familia maravillosa por la que vivir.

Sin embargo, vivimos en tiempos de ansiedad continua. Cuando hay una explosión en Jerusalén, y como tenemos bisnietos allí, inmediatamente trato de llamarlos y si la conexión no es rápida, comienzo a temblar porque pueden haber estado allí, pueden haber estado en ese autobús o en ese mercado. ¿Adónde tenía que ir él, o su esposa o sus hijos? Los niños no viajan solos, viajan con la madre. Me preocupo todo el tiempo. Vivimos en una tensión constante y no vemos que acabe. Vivo aquí desde 1947, y ahora es el año 2003: son 56 años. No recuerdo que haya habido siquiera algunas semanas sin víctimas judías. Ahora tenemos un nieto que es oficial de las unidades acorazadas. Yo me pregunto: ¿cuánta fuerza moral tiene cada persona? Se debe ser un héroe para superar todo y después decir: “Seguiré adelante”. Pero, ¿de dónde se supone que viene la fuerza?...

Sí, yo vivo por ellos. Que Dios los proteja y que haya paz en Israel. No podría soportar más pérdidas. Ya tuve más que suficiente.

Los hijos tienen su propia vida. Son muy afectuosos y comprometidos. Son religiosos. No tienen dudas. Un padre o madre es una persona sagrada, honorable y, en un hogar religioso, el amor de un padre o una madre es primordial.

No existe otra forma.

 

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